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17 de marzo de 2011

Cessolis castellano


                Se suele pensar que la primera traducción al castellano del famoso tratado de Cessolis, el Liber de moribus hominum et de officiis nobilium, sive super ludum scacchorum, es la que realiza Martin Reyna y publica Francisco Fernández de Córdoba en su imprenta de Valladolid en 1549. Son numerosos los investigadores que lo afirman. Como muestra de ellos nos pueden valer Francisco López Estrada, para quien la traducción impresa sería un fruto tardío más de nuestro Renacimiento o Marie Lemarchand, editora del Liber en Siruela, quien también supone que en España la difusión del tratado de Cessolis se produjo a través de dos versiones catalanas y la edición impresa de Valladolid.

            Sin embargo estos días, mirando cosas en la Hispanic Society de Nueva York, me he encontrado con un manuscrito en el que aparece una traducción del Liber anterior a 1549 y, por ende, probablemente de mediados del s. XV. Faulhaber, quien primero reseñó la obra en su catálogo de manuscritos medievales de la HSA (acrónimo para Hispanic Society of America), la data a finales del s. XV. Pero Accorci hace un par de años publicó un artículo en la Revista de Literatura Medieval datando el manuscrito completo (la traducción que interesa está en un volumen misceláneo) a mediados del XV.

                Intrigado por este descubrimiento comencé a buscar en mi base de datos si tenía algo sobre ese manuscrito que, ahora, parece ser la primera traducción al castellano del tratado de Cessolis. Viajando por los bits que lo pueblan, mi ordenador se topó con la tesis en la que Alexandre Bataller le dedicaba unas páginas. No demasiadas por cierto,  dado que el tema de su investigación son las traducciones al catalán del tratado. No obstante, cabe reconocerle haber sido el primero que abre camino en la investigación de la primera traducción al castellano de uno de los libros que gozó de mayor éxito y difusión en la Europa medieval. Se accede a la tesis de Bataller desde aquí:


Ilustración de la traducción del Liber realizada por Caxton y publicada en 1474. Se trata de uno de los más antiguos incunables ingleses.

4 de mayo de 2010

Una nómina de clásicos

Además de quien avanza en el terreno latinoamericano, también habrá interesados en la presencia del ajedrez durante el clasicismo. Si bien hoy sabemos que no se trataba del ajedrez que sigue la línea evolutiva chaturanga indio-shatranj persa-shatrang árabe y entrada en Europa alrededor del s. X, el ludus latruncorum romano - petteia griego- era lo suficientemente similar al ajedrez para que nuestros predecesores los confundieran. Así, esta nómina de clásicos que aparece en el Mss. con el que estoy trabajando ahora puede serle de mucha ayuda a quien desee aventurarse en el periplo clásico del juego.

(El mss. es anónimo; sobre él publico en breve un artículo en la resucitada revista Manuscrt.Cao)



Aquiles y Ajax jugando al petteia, una especie de ajedrez griego (valga el anacronismo, que esto es un pie de foto). Grabado en una ánfora ática de Exequias de la segunda mitad del s. VI a. de C. Se conserva en el Museo Vaticano.

Dice el Mss:

Inútil sería extenderse en las alabanzas de este juego, habiendo hecho ya su elogio tantos autores célebres antiguos y modernos. Basta saber que, entre un número demasiado grande para citarse en breves líneas de los que hablaron ventajosamente de él, se cuentan los más conocidos en el mundo, cuales fueron: Heráclito, Sófocles, Filóstrato, Virgilio, Aristóteles, Séneca, Platón, Ovidio, Horacio, Quintiliano, Marcial y otros. Eurípides en su tragedia de Ifigenia en Áulide, nos dice que Ajax y Protésilas lo jugaban en presencia de Merión, de Ulises y de otros famosos griegos; que Palamades lo jugaba con Tersites, según cuenta Homero en el Libro Segundo de su Ilíada, y los príncipes amantes de Penélope, delante de la puerta de esta beldad, como refiere el mismo autor, en el libro primero de la Odisea. Pero sea de esto lo que fuere, no se puede negar que el ajedrez ha contribuido desde hace muchos siglos al entretenimiento de los más famosos héroes de la antigüedad, y que una gran parte de los del día tienen un gran placer en ejercitarle.



(Del juego del ajedrez, Ms. anónimo, s. XIX, h. 3)