Y para que esto así parezca, sin que de mí solo salga, quiero aquí referir las palabras que Tobilla dice, seglar y uno de ellos, que anduvo después en aquellos pasos, como dije, y que asaz favorece aquellas entradas, en una historia que quiso hacer y llamó Barbárica, y que parece haber muerto en aquella simplicidad no santa. Este dice así, hablando de Espinosa en aquella jornada y tocando de los esclavos: «Traía largos dos mil cautivos, que, para llevarlos los mercadantes a la Española, valían entonces muchos dineros; de donde nació la tan presta como miserable caída que estas infinitas gente dieron, pues con la codicia del mucho oro que por ellos en el Darién los tratantes les daban, todo el tiempo que fuera de sus muros se veían, así al de paz como al de guerra ponían en hierros; andando tan sin freno esta osadía entre los compañeros y los mismos capitanes, que así compraban las mercaderías con sus aprisionadas gargantas, como si fueran la misma moneda, sin haber ninguno de tanta conciencia que se parase a mirar si era esclavo justamente, aunque según la injusticia con que todos lo eran, bastaba saber que la codicia causaba su cautiverio, no embargante que para mí tengo no ser menos excusa el ejemplo que Pedrarias les daba, pues en su mayor contentamiento jugaba al ajedrez la libertad de aquellos más que miserables» Estas son las palabras de Tobilla formales. Jugaba Pedrarias sus cincuenta y cien esclavos, y quizá quinientos (como otros gobernadores después hicieron, por ventura por su ejemplo), de los que le habían de caber de su parte, que había de enviar a saltear.
1 de agosto de 2010
Se la jugaban
3 de mayo de 2010
Cabeza-nao
Un biologismo que establece Fray Bartolomé de las Casas. De la morfología y dimensiones de los diferentes tipos de cabeza extrae una conclusión: aquellos que tienen la cabeza "de la hechura de una nao" son prudentes, próvidos, circunspectos y grandes jugadores de ajedrez. Esto en el período de excitación naval peninsular, cuando la nao se asocia a la salud económica del Imperio, redunda en el aura prestigiosa del ajedrez como práctica de excelencia. Pero además lo vincula al icono de la prosperidad, retomando, aunque sea con muy diferente sentido, el uso que se hacía de la estructura del tablero en las cuentas del Tesoro Inglés en tiempos de Chaucer. Las connotaciones comerciales del ajedrez se expresan aquí de una manera diferente e involuntaria. A ver si van saliendo cosillas similares más adelante; de momento, es éste otro pasaje que se suma a la historia diacrónica del juego en la vida cotidiana de las sociedades latinoamericanas: sus cambios, continuidades y discontinuidades. En este terreno avanza, desde Hamburgo, Bernd Schmelz, a quien desde aquí se le desea salud y perseverancia.
Dice Bartolomé en la Apologética Historia Sumaria:
la cabeza tuerta muestra imprudencia, e la cabeza grande con ancha frente grueso y torpe de ingenio significa. La cabeza que la primera parte della hacia la frente tiene honda y sumida es señal que aquella persona es amiga de darse a engaños y fácilmente mueve a ira. Los que la cabeza tienen derecha, de mediana grandeza y en el medio es llana tienen buenos sentidos y declaran gozar de la virtud de la magnanimidad y, por consiguiente, han de tener buen entendimiento. Los que la cabeza alcanzan luenga de la frente al colodrillo, de la manera de un martillo o, por mejor decir, de la hechura de una nao que tiene el principio angosto como la proa y la parte postrera hacia el colodrillo más capz o más gruesa como la popa, y cuanto más saliere afuera del pescuezo aquella parte, aquellos tales serán hombres muy prudentes, próvidos y circunspectos y de todas partes degatados y para las letras habilísimos; entre otras habilidades, si aprenden a jugar al ajedrez serán grandes jugadores dél. Y esta postrera figura de las cabezas luengas -como dejimos- es señal infalible, que ninguno se verá tener tal hechura de cabeza que no sea señalado en natural prudencia y sabiduría para mal o para bien, de lo cual tengo antigua y muy mirada y considerada experiencia.


